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Día 1: Lo que hay que hacer por ahorrar

Comienzo el viaje a día 25 de junio de 2017. Hoy toca traslado. Vivo en Madrid y mi primera parada oficial es Edimburgo, pero no, no va a ser tan sencillo como coger un simple avión... no. 

Si algo aprendes al hacer un viaje de mochilera es a ahorrar. En este caso, cogiendo aviones en aeropuertos en donde los vuelos son más baratos. ¿Qué voy a hacer? Primero cogeré un bus hacia Málaga (537 km, más o menos 6 horas y 30 minutos en autobús) y de ahí el avión a Edimburgo. Lo bueno es que te ahorras unos 50 euros. Lo malo es que llegas de madrugada a Edimburgo. 

Pero vamos a lo que importa. El billete de autobús de Madrid a Málaga lo compré en ALSA por 16,10€. El autobús salió a las 11.00 de la Estación Sur de autobuses de Madrid. No tengo duda alguna de que, comparando todos los trayectos de bus que he hecho en el viaje, este fue el peor. Sería porque era de día y no podía dormir al contrario que otros viajes más largos, pero de noche, que me permitían descansar mientras el trayecto pasaba rápidamente. Si vais a hacer lo mismo que yo, os aconsejo que lo hagáis de noche y que el vuelo sea por la mañana temprano.

Una vez en Málaga, en la estación de autobuses, fui hasta la Estación María Zambrano (a unos 200 metros, solo hay que cruzar una calle) y ahí cogí el cercanías de Málaga hacia el aeropuerto. La parada está a 8 minutos (3 paradas de tren) y el billete me costó 1,55€. Aquí os dejo más información sobre horarios y tarifas.

El aeropuerto de Málaga es pequeño comparado con el de Madrid, pero tiene de todo. No creo que os aburráis ahí. Id con mucha antelación para facturar vuestra maleta y pasar el control de seguridad. No queremos perder el avión a esta gran aventura.

Dentro podéis encontrar un “DutyFree”, varios restaurantes de tapas y comida rápida, tiendas de souvenirs y “chuminás’ manchegas”, etc. La mayor parte de los carteles están en inglés porque la mayor parte de los turistas que frecuentan este aeropuerto son ingleses que pasan sus vacaciones/fines de semana en la costa del Sol.

En mi caso, nuestro vuelo de Ryanair se retrasó (oficialmente) una hora y media… pero extraoficialmente, os voy a ser sincera, estuvimos esperando para entrar más de dos horas, y una vez dentro esperamos como media hora de más porque la mayor parte de los pasajeros llevaban maletas que o pesaban mucho o no eran de cabina, y que se tuvieron que facturar. Esto es un mensaje para todos aquellos que vayáis a coger un vuelo con una aerolínea low cost como Ryanair. No saturéis la cabina. No os ponen unas medidas máximas de las maletas por fastidiaros, es cuestión de seguridad, el peso del avión tiene que estar repartido. Si lleváis una maleta fuera de los límites lo único que conseguiréis es una multa de 50€ a pagar al llegar a tu destino y que la empresa reporte ese incidente. Si seguimos atrasando los vuelos por “no pagar” la maleta en su momento acabarán prohibiendo las maletas de cabina. No abuséis de la confianza que presta Ryanair, porque por su precio, no deberíamos pedir más. Si queréis facturar una maleta simplemente podéis descargar la app y comprar la facturación, que son unos 40€ por una maleta de 20 kg si no me equivoco.

Y después de este pequeño inciso, un par de datos. Mi billete desde Málaga a Edimburgo me costó 59.15€ y la facturación de la mochila fueron 40€. Supuestamente salía a las 21:35 y llegaba allí a las 23:55 (hora inglesa), pero salimos a las 00:30 más o menos y llegamos a las 2:30 de la mañana.

También contraté el transporte desde el aeropuerto hasta el centro de Edimburgo. El billete se llama AirLink y su precio es de 4,5 libras (el billete sencillo). Más información aquí.

Al final llegué al albergue a las 3 de la madrugada. La chica de recepción fue muy simpática, la llamé al llegar al aeropuerto para que supiera que iba a llegar tarde y asegurarme de que estuviera abierto, porque no quería arriesgarme a pasar la noche vagando por Edimburgo sola. El albergue se llamaba Edinburgh Backpackers, cerca de la estación de Waverley (unos 3 minutos andando) y de verdad, era genial. Todo estaba muy bien organizado, todo súper limpio, cada cama con su taquilla, las literas comodísimas y la gente muy tranquila. Tiene wifi y te informan sobre la ciudad y lo que podéis ver dependiendo del tiempo de tu estancia. Tienen cocina (creo que me metí en la de los trabajadores) pero por lo que me dijo la chica hay una cocina para los huéspedes. La noche me costó 11 libras, de las cuales 9,68 libras las pagué allí y las demás online, al reservar la estancia. Aviso, si vais a pagar con tarjeta, se os cobrará un sobrecargo si no supera cierta cantidad. Podéis reservar vuestra cama aquí.

Y así acabó mi día, muy largo la verdad. Dormí como un bebé, y creo que fue el único día en el que me sentí realmente sola y creía que este viaje iba a ser un desastre… pero no lo fue. Os lo puedo asegurar. Después de esto, no volví a sentir la soledad, no hubo tiempo para cosas negativas.

Tal vez hayas entrado en este itinerario por simple curiosidad, o quizás porque te sientas identificado con el título. Supongo que he de hacer una reflexión antes de empezar a relatar este viaje, para aquellos que se hayan alarmado.

He llamado a este itinerario "Soledad y Fuerza" porque creo que son los dos rasgos de peronsalidad que destacan. El primero es necesario para empezarlo y el segundo esta asegurado al acabarlo. Y no, no fuerza física por llevar un mochilón de 20 kg (que también), sino fuerza personal. 

Recomiendo este viaje para adolescentes, jóvenes o personas que quieran embarcarse en el apasionante mundo de los viajes y quieran un reto. No ha sido diseñado para turismo únicamente, vas a tener que hacer vida normal y compaginarlo con los horarios y, evicentemente, como vas a ir solo, vas a verte forzado a socializar y a hacerte entender.

Por qué lo hice, veamos: 

- No quise esperar a encontrar a un compañero de viaje compatible conmigo y que no cumpliera con el plan a última hora porque "el Arenal Sound es mejor". Si eres de los que planea y la gente acaba por incumplir con el viaje, o tienes miedo de llevarte a un amigo por si no volvéis séndolo, te sentirás identificado conmigo. 

- Empoderamiento. Ser mujer no debe ser un factor de riesgo para viajar sola.

- Soledad. Sí, habéis leído bien. No me malinterpretéis, no es esa soledad que necesitas porque estas harto de la gente. No. Es esa soledad que necesitas cuando no te escuchas a ti mismo, y sientes que estás perdido. Hasta el momento del viaje, siempre he tenido miedo de quedarme a solas con mis pensamientos, porque soy mi mayor enemiga. ¿Pero sabéis qué?, ahora comprendo que debí haberlo hecho antes. Si te encuentras vacío, no lo pienses más y hazlo.

- Responabilidad. Como he dicho antes, esto es un reto. Quizás para gente que sea más adulta esto no supondrá nada para ellos en este sentido. Supongo que estáis acostumbrados a gestionar el dinero y el papeleo de vuestro hogar. En mi caso no es así. He hecho este viaje con 18 años, estuve mirando precios con un año de antelación y es la primera vez que he trabajado para ahorrar. Para mi es un logro haber concluído este viaje sana y salva, sin ninguna pérdida ni retrasos en transportes.

Y eso es todo, no creo que hagan falta más razones, a mi desde luego me sobraron motivos para hacerlo.

Os dejo con el itinerario. Espero que lo disfrutéis y compartáis si os a gustado. 

Día 2: una ciudad preciosa... pero olorosa

Comencé a visitar la ciudad a las 9, después de una larga rutina de aseo debido al largo viaje del día anterior. Tenía todo el día para visitar Edimburgo. Mi autobús hacia Londres salía por la noche, así que no me salía rentable llevar a cuestas la mochila todo el día… Pensando que no tendría más opciones (craso error) decidí dejar la mochila en el albergue y recogerla a última hora del día, justo antes de dirigirme a la estación de autobuses. Pero como os he dicho, fui tonta, no hagáis lo que hice yo, más adelante sabréis por qué.

En fin, dejé la mochila en el albergue, me puse mi mochila de tela, la cámara y documentos importantes, y a patear la ciudad. Como tenía mucho tiempo, primero hice un par de cosas que me faltaban. Fui a una droguería a comprar las cosas que no me traje por miedo a que me las quitarán en el vuelo: champú, acondicionador, gel, desodorante en spray, crema solar, etc. Y además pasé por una papelería para comprar unos sobres y una libreta, por si me daba por mandar alguna carta a mis padres (cosa que no sucedió, para que os voy a engañar). Una vez hecho todo, ya me puse las pilas y me fui a conocer la ciudad. Básicamente mi forma de visitar estos sitios es andar, parar si veo un buen plano para hacer una foto o si me llama algo la atención, entrar, o si veo que hay fiesta, pues allá que voy yo. Así que, allí, me encontraba en el paraíso. Edimburgo es una de esas ciudades que, mires por donde mires, vas a encontrar algo bonito que fotografiar, y es que tiene algo mágico, tan antiguo y con tanta vida, es otro mundo comparado con lo que estoy acostumbrada a ver. Así que entre unas y otras, a lo mejor anduve 5 km por la mañana, que es bastante poco, pero tarde como 5 horas en hacerlos, porque me paraba cada dos por tres a hacer una foto.

Después de comer, invertí la tarde en entrar a tiendas. Algo que deberíais saber: soy mucho de entrar a las tiendas a cotillear qué cosas se venden en tal país, comparar precios, etc. Y no me refiero a las de souvenirs (que también), si no a los supermercados, papelerías, droguerías… a todo entro yo. En ocasiones, si veo que puede merecer la pena, entro a algún museo, y en muy rara ocasión entro a las iglesias (no es nada personal, pero es que me parece que la mayor parte la belleza de los templos suele estar fuera). En el caso de Edimburgo, entré en la Galería Nacional de Escocia. No entiendo mucho de arte, la verdad, pero me gustó lo que vi. Con una descripción para nada formada en arte, digamos que vi cuadros muy realistas (no como movimiento artístico). La entrada es gratuita, y el museo no es precisamente grande, así que creo que es una parada obligatoria.

Sobre cómo o qué visitar Edimburgo no creo que os pueda dar consejos porque mis visitas son express, con las paradas que yo considero que me interesan o son prioritarias para mis gustos. En vez de daros pautas sobre esta parte de la planificación del viaje, mejor os dejo un hipervínculo a la página donde yo busqué toda la información sobre esta ciudad, pinchando aquí. Me parece que es de las más completas guías online que hay, tiene sección de transporte, alojamientos, sitios donde comer y, por supuesto, sitios que visitar y cosas que hacer. Un pequeño inciso, sobre el transporte en Edimburgo: no merece la pena que cojáis ningún autobús/taxi excepto el que os traslade desde el aeropuerto hasta el centro. Me pareció una ciudad muy pequeña, se llega a todo fácilmente, lo importante está concentrado e, incluso la estación de autobuses está en el centro. Así que olvidaos de ello, un gasto menos.

Total, que visité lo que quería, entré en las tiendas que vi interesantes y terminé la visita a las 17:00, aun me quedaban muchas horas de espera, así que me fui a por mi mochila al albergue y después a buscar la estación de autobuses. Ahí estaba el error que os comenté antes. Yo no lo sabía, pero la estación de autobuses estaba a escasos 5 minutos del centro comercial de Waverley, muy cerca del centro. Y como quedaban tantas horas, y la estación no era tan animada como yo creía que sería (no había tiendas, ni gente, ni restaurantes ni nada) tuve que dejar la mochila en una consigna (que tampoco sabía que tendrían). Al pagar, me di cuenta de que se pagaba por días. Sí, amigos, había pagado la consigna del albergue y después la consigna de la estación. Ya que dejé allí la mochila me fui a cenar, a ver más tiendas y una vez hice todo volví a la estación y me puse a pintar. Sí, así de aburrida estaba.

Mi autobús a Londres salía a las 21:30 y llegaba a las 6:50 (realmente llegó con una hora de retraso debido al tráfico del centro). Lo compré con National Express y me costó 17 libras. Respecto a esta compañía, solo puedo decir que es la que sentí que tenía la flota de autobuses más incómoda. No pude dormir apenas, el motor se oía y sentía mucho y el conductor era un temerario, iba muy rápido incluso en curvas… Pero por ese dinero no puedo pedir más. Además, al ser nocturno, te ahorras una noche de alojamiento y un día entero de manutención. Es una buena opción si quieres ahorrar en tu viaje.

Para finalizar, os doy mi opinión sobre Edimburgo. Respecto a transporte público, ya lo he comentado, no me parece que sea necesario debido a lo pequeña que es, pero, aun así, está muy bien comunicado con las afueras de la ciudad. Si hablamos de imagen, la estampa de Edimburgo es preciosa la mires por donde la mires, pero no puedo decir lo mismo del olor. No sé por qué razón, pero esta ciudad huele muy muy mal. En general, como destino turístico le doy un 7 de 10, y como ciudad para vivir un 6 de 10, no me veo soportando ese olor todos los días, en serio. A esta última nota tengo que añadir que no es del todo culpa de la ciudad. Reino Unido en general no me gusta para vivir, me parece caro, gastronómicamente pobre y forma de ser de la mayoría de sus habitantes no cuadra con la mía, un poco más alegre. Así que la culpa de la nota no la tiene la ciudad del todo. Aun así, como visita de uno o dos días me parece muy buena.

Y con esto me despido, y os veo mañana en la gran ciudad de Londres. Un beso y gracias por leerme.

Día 3: Mi quieridísima londres (NO)

El viaje en autobús fue duro, muy incómodo, pero menos mal que fue así, porque de no haberlo sido, no habría rebajado tanto las expectativas respecto a los demás viajes en autobús que me quedaban y no lo habría pasado bien.

Llegué a Londres casi a las 8:00 de la mañana, con más de una hora de retraso debido al tráfico del centro. La estación era Victoria Coach. Estuve como media hora en el baño para asearme, cambiarme y maquillarme (es increíblemente difícil sacar la ropa de una mochila de trekking sin que se te desparrame todo por el baño), y otra media hora intentando situarme. Es confuso ese sitio: tienes una estación de llegadas, donde te deja el bus y donde deberías suponer que es la estación de autobuses… pero no. Tienes que cruzar una calle para llegar a la estación de autobuses real, donde están todos los servicios de equipaje y tal. Y para más inri, hay otra estación Victoria, a unos 200 metros de la principal, que esa es la de metro… Un lío. Bueno pues ya después de situarme, encontré dónde poder dejar la mochila (tenéis que seguir un cartel que pone “Left Luggage”, no es para facturar como yo creía, no seáis tan paletas como yo). Me parece que os cobran 7 libras por dejar la mochila un día, cierran a las 21:00 y si te pasas de cierto gramaje ya tienes que pagar un poco más, no me acuerdo exactamente de cuál es el límite, pero mi mochila pesaba más de 20 kg y no pasé a la siguiente tarifa.

Una vez dejé mi mochila, me puse en marcha. Debo decir que tuve un fallo antes de salir al viaje. Yo era consciente de que iba a viajar a países cuya moneda no era el euro. Pedí Zlotys, coronas checas y florines húngaros… pero no pedí libras esterlinas. La mayor parte de las cosas que pagué allí eran con tarjeta, pero evidentemente tuve que hacer cambio de moneda, para cosas tan básicas como ir en transporte público o entrar a los baños que, por si no lo sabíais porque esta costumbre no se ve mucho en España, en el resto de Europa, se pagan. Acordaos de pedir libras antes de ir allí, porque el pago por comisión que os meten es duro.

Seguramente os haya extrañado que os diga que necesite dinero en metálico para ir en transporte público. Os diré por qué: la mayoría de máquinas del metro sólo funcionan con monedas y por supuesto los autobuses igual, y aunque fueras a comprar un bono turístico de un día, como era mi caso, puedes encontrarte con que, de repente, la máquina no lee tu tarjeta porque casualmente está estropeada.

Bueno, no quiero seguir con el tema del transporte público de Londres porque me caldeo… Realmente me tiene cabreada ese tema, ya expondré por qué al final del análisis, cuando puntuemos la ciudad.

La visita se hizo larga, anduve mucho y aun así también cogí mucho transporte público. Básicamente, si queréis ir dando un paseo desde Victoria Coach hasta Buckingham Palace, seguid a la gran caravana de coches que se encuentran en hora punta todos los días. Ya sabéis como son mis visitas, y que cada uno tiene su manera de enfocar las actividades que hacer. Además, solo estuve en esta ciudad un día, alguno de vosotros podría tener más tiempo y yo no acertaría con mi consejo sobre cómo visitar la ciudad (aunque os lo cuente, solo es para relatar mi experiencia, pero para nada es la más completa, sino la más adecuada a mi gusto). Por esta razón, os dejaré un enlace en el que podéis organizar vuestra visita. Tenéis información sobre todo lo que necesitéis. Solo pincha aquí para ver la guía online. Además, como no me quedé a dormir aquí, no puedo recomendaros un albergue/hotel en el que quedaros, así que os aconsejo que busquéis en HostelsWorld o Hostels. Si sois muchos, podríais incluso plantearos la posibilidad de hacer un AirBnB. Si queréis más información sobre cómo buscar alojamientos baratos y aún no se ha abierto la página de recomendaciones, ponte en contacto conmigo y le ayudaré encantada.

Los sitios que visité se encontraban cerca por zonas: la zona de Picadilly Circus a Big Ben, el London Eye, Trafalgar Square, Camden Town, London y Tower Bridge, etc. Si vas un poco ligero terminas la visita a las 18:00, como fue mi caso.

Me fui tan pronto a la estación e hice la visita tan rápido porque mi autobús salía a las 20:00. Y diréis: “Pero si te quedaban aun dos horas”. Sí, pero tenéis que contar con una cosa. Si vuestro autobús va a tener que cruzar el Canal de La Mancha, tenéis que hacer el Check In una hora antes de que salga vuestro autobús. Lo advierto porque hubo algún despistado que se quedó en tierra por culpa de no leer las indicaciones. Este trayecto me costó 12 libras (incluido el tramo en ferry de una hora desde Dover a Calais) y lo volví a coger desde National Express, pero estaba subcontratado por Eurolines. Llegué a mi destino a las 6:00 del día siguiente. Seguro que adivináis a donde fui… es un cliché.

Ahora con la parte que más me gusta: puntuar. Voy a ser dura con Londres, puede que muchos de vosotros no estéis de acuerdo conmigo, lo sé, pero tengo que decirlo. No me gusta nada Londres. De verdad. Me parece una ciudad sobrevaloradísima. Es muy cara (ya dije que en general Reino Unido lo era, pero esta aún más), me parece fea, abarrotada, triste… Definitivamente, no vuelvo. Ni para vivir, ni para estudiar, o al menos no será mi primera opción. El transporte público me parece desastroso, es una ciudad tan grande que faltan paradas de metro. No están bien situadas. Le doy como destino turístico un 4/10 y como ciudad para trabajar/estudiar un 5/10.

No tengo nada más que decir sobre esta ciudad… Muchas gracias por leerme un día más, espero que le haya gustado. Volvemos mañana con otra reseña. ¿A dónde me tocará ir?

día 4: volvemos a encontrarnos, mi luz

Después de los dos autobuses que había cogido hasta entonces en el viaje, imaginé que este iba a ser más de lo mismo: incomodidad, frio, ruido… menos mal que no fue así. Fue la primera noche que dormí a gusto en un autobús, y doy gracias de que no fuera la única.

Llegué a… París. Sí, seguramente todos lo habíais averiguado ya. Es un destino fijo si vas a viajar por Europa. En mi caso, era la quinta vez que iba: dos veces con mis padres, una con el instituto y otra con mi ex. Y no, no me canso de esta ciudad. Nunca, por mucho que vaya, conoceré París del todo. Tiene tanto que ofrecer esa ciudad… Es increíble. Y no es por inflaros las expectativas, porque no me convendría. Imaginad que os lo punto como un paraíso y cuando viajéis allí me digáis “Oye, esta nos ha mentido” (que puede pasar). No, es porque quiero intentar transmitiros lo especial que es para mí esta ciudad.

Las calles están llenas de vida. Según la zona en la que estés te puedes encontrar gente de mil culturas distintas. Obvio tiene sus contras… pero vamos… no son nada comparados con los pros.

Llegué allí a las 6.00 de la mañana, el día era como lo había sido en las demás ciudades: me perseguían las nubes. Pero casi lo agradecí, porque pasear por París con la solana abrasadora es un peligro, en serio.

He de advertir que mi visita fue muy light, o al menos así os lo parecerá. Al haber estado otras cuatro veces anteriormente, y al haber sido todas una paliza de visita, opté por vivir la ciudad desde el relax. Hacer lo que de verdad me apeteciera, lo que yo viera interesante lo visitaría y lo que no, pues para otro turista más aficionado a eso.

Me fui hasta mi albergue, mi intención era dejar mis cosas ahí, echarme una siesta (los últimos días habían sido agotadores), comer e irme a visitar cosas. Pero las cosas se torcieron. El albergue se llamaba Jacobs Inn. Os dejo el enlace no para que vayáis, no os lo estoy recomendando, todo lo contrario. No vayáis a ese sitio. Mugriento, desordenador, solo hay una ducha para 15 habitaciones de 6 personas cada una, con 5 baños individuales por los pasillos que hacen que le dé a una ganas de hacer sus necesidades en un cubo como antaño. De verdad, nada recomendable, y si no me creéis, simplemente echad un vistazo a la sección de comentarios de booking. Pero, en fin, yo ya estaba ahí, ya estaba pagada la estancia y no iba a perder el dinero (que para colmo el albergue de las narices es carillo). Y aunque hubiera sido barato, no es fácil encontrar hospedaje de última hora en el centro de París y que no se saliera de mi presupuesto. Así que me quedé.

Llegué a las 9.00. Me dijo el recepcionista, un hombre que hablaba español pero que parece que se está riendo en tu cara cuando habla contigo, no se si es porque él sabe en que antro te estás metiendo y no te advierte, que esperara hasta las 11.00, que entonces ya tendrían mi habitación lista. Así que dejé mi mochila en la consigna y me fui a visitar la zona de Montmartre, que es donde estaba el albergue. Caminata arriba, caminata abajo, que si fotos y que si visitas, me dieron las 12.00, y bajé de nuevo al albergue para ver si ya estaba lista mi habitación. Menuda tonta. No estuvo lista hasta las 15.00 de la tarde. Me dio tiempo a ducharme, ir al supermercado, hacer la comida y comer antes de la habitación estuviera lista. Así que nada más me la dieron, me eché la siesta, porque estaba agotada.

Me desperté a las 19.00, seguían las nubes en el cielo, pero hacía bochorno. Una humedad que se pegaba al cuerpo al igual que el calor. Me vestí y me fui a visitar Los campos elíseos. Solo fui hasta el museo de Louvre (no lo visité, al menos no ese día) y después seguí recto por los jardines de las Tullerías, la plaza de la concordia, le Grand Palace y le Petite Palace, y ya, finalmente, los campos elíseos hasta el arco del triunfo. Paré en muchas tiendas que veía interesantes, para cotillear, lo de siempre. Al final volví al albergue a las 22.00, no sin antes pasar por el supermercado.

Ya llegué y me hice la cena. Aunque no me gustara el albergue, hay algo que debo decir a su favor. Tienen un ambiente muy juvenil, se preocupan por crear ese ambiente de mochileros curiosos multiculturales. En la semana que yo estuve, tenían contratado a un guitarrista que hacía covers de canciones famosas en acústico y, si tenías suerte, incluso cantaba canciones propias. Por desgracia también he de decir que este joven se tornó en algo turbio por la noche y junto con un par de chicas, supongo para hacerse el machito, empezó a cantar cosas homofóbicas, sexistas y de dudable gusto. Si no fuera por eso, el ambiente habría sido de diez.

Como no he terminado con los relatos de mi visita, no puedo evaluar aún la ciudad. Lo que si voy a hacer es, como siempre, dejaros el enlace a la guía con la que yo me preparé mi primer viaje.

Espero que os haya gustado este nuevo día y que estéis aquí mañana para leer más. Un besazo enorme.

Día 5: ¿y si simplemente te disfruto?

Segundo día en París, mi ciudad. Vivo para contar los días que me quedan hasta volver a ella. Aunque el primer día fue un tanto decepcionante (tema albergue/antro), yo seguía animada. Dormí mucho, muchísimo, me desperté a las 12.00. Eso si, nada más desperezarme, me fui a hacer cosas. Primero fui a ducharme y a socializar un poco en las zonas comunes. Ya después de unas dos horas (estuve haciendo tiempo a propósito, ahora sabréis por qué) me fui al Museo Louvre en autobús. A esa hora la gente está comiendo, no creo que a nadie sin estrategia turística se le ocurra decir “Vayamos, en verano, con bochorno, a las 2 de la tarde, con 40º al sol, a un museo”. NADIE. Así que ahí fui. Entré por las pirámides, mi intención era haber entrado por el metro, pero como no sabía cómo llegar allí, decidí que no importaba, que ya saldría por la galería del metro al acabar, que desde el vestíbulo si sabía cómo llegar.

Como soy estudiante de la Unión Europea, entro gratis (al igual que los menores). Aviso que no tenéis que esperar largas colas (excepto la de entrada al vestíbulo, pero esa es para registrar bolsos, es la de seguridad, no la de las entradas). Si sois estudiantes de menos de 26 años o sois menores de edad, no paséis por la taquilla. Simplemente id a la entrada al museo con vuestro DNI/Pasaporte (en el caso de ser menores) y tarjeta de vuestra universidad (en el caso de ser estudiante). Esto os permitirá entrar sin ningún problema, no hace falta ninguna acreditación extra.

El museo es muy grande, no os voy a mentir. Es imposible verlo todo en un solo día. Hay que priorizar. A mí lo que más me gustaba era el arte griego y romano, así que la mayor parte de mi visita se centró en eso. Pero al final también incluí (obviamente) “la Gioconda”. Después de 4 visitas al museo (hubo un año que no entré), es la primera vez que he conseguido hacerle una foto en condiciones desde la primera fila. Hay como una cuerda de terciopelo (como las que ponen en los reservados de las discotecas, que exclusiva es la Monalisa) que forma una semicircunferencia alrededor de la pared donde se sujeta el cuadro. Supuestamente esta puesta para que vayas de derecha a izquierda lentamente y veas como parece que la Gioconda te sigue con la mirada (motivo por el cual es famoso el cuadro); pero con tanta gente intentando sacar fotos, y selfies, y videos (si, videos a un cuadro inmóvil, flipante), no puedes hacer el experimento que el museo ha pensado que podría interesarte. Así que solo nos queda creernos lo que nos dicen, y a callar.

Ya después de ver el cuadro, a eso de las 5 de la tarde, decidí que era hora de irse a comer (con ese factor no conté antes de irme a museo jeje). Me dirigía hacia el vestíbulo, dispuesta a salir justo por donde había presentado el DNI (se puede salir por ahí normalmente). Pero estaba cerrado, nadie entraba ni salía. Éramos muchos esperando para salir, y las puertas estaban cerradas a cal y canto. Después de diez minutos esperando, el personal de seguridad nos dijo que siguiéramos a un señor (supongo también era de seguridad, pero no del museo), que nos llevó a una puerta por la que normalmente no se sale, era de emergencia, para poder salir. No contrasté más información después de aquello, por lo que me contaron en el albergue al volver aquella noche había ocurrido un aviso de bomba, pero luego resultó que era un asuntó de prevención, porque acababa de ocurrir un intento de arrollamiento por parte de un parisino a unos musulmanes que salían de una mezquita del centro (lo que se llama tomarse la justicia por su mano, vaya).

Tampoco fue para tanto el susto, en el momento no lo piensas mucho, pero luego recapacitas y se te vienen cosas muy malas a la cabeza. Al fin y al cabo, estaba donde estaba y en el momento en el que estamos… una nunca sabe qué puede pasar.

Por la tarde (a partir de las 18.00) me fui a pasear por las orillas del río Sena. Andaba buscando, primero, unos puestecillos que suelen poner en verano y en los que a veces hay clases de bailes latinos y tal. No los encontré, se ve que aún era muy pronto para ponerlos. Seguí hacia delante hasta llegar a la Isla de St. Michelle. Ahí está Notre Dâme y la Saint Chapelle. En esta ocasión solo entré a la catedral. La capilla me parece muy fea, la verdad. De hecho, os he mentido, ni siquiera entré en la catedral. Solo fui a su fachada y me quedé unos 20 minutos entre que hacía fotos y la contemplaba. Es también extremadamente fotogénica, igual que el Sacre Coure.

Iba con prisa, la verdad, no quería acostarme tarde porque al día siguiente me tocaba una paliza de día, así que me fui directa al metro, más bien al RER (algo así como el cercanías de España), y me fui a… la Torre Eiffel. Lo bueno se hace esperar. Llegué allí como a las 19.00 de la tarde. La estación de tren de la que me bajé estaba como a unos 10 minutos andando tranquilamente. Y eso hice, cosa que extrañó a los viandantes, porque justa al salir de la estación empezó a caer una tromba de agua increíble. Y realmente yo tenía mi chubasquero del parque de atracciones, que me habría cubierto entera y no me habría mojado nada. Pero me apetecía. Me apetecía sentir que estaba en París, mojándome entera, sin hacer nada más que pasear, con la Torre Eiffel al lado, sin prisas, y aun así sentir una satisfacción plena. Si, raro, pero bonito. Cuando encontréis una ciudad que aun en las peores condiciones de comodidad, podáis pasear y seguir amándola, esa es vuestra ciudad.

Pasé los controles para pasear bajo la torre y hacerle unas cuantas fotos de los bajos, contemplarla un poco e irme. No quería subir, ya había subido en dos ocasiones y, de verdad, esta pregunta es seria: ¿qué quieres fotografiar de París desde la Torre Eiffel? La zona de Montmartre no se ve apenas, el arco del triunfo se divisa poco, la torre de Montparnasse afea cualquier panorámica… como mucho, fotografías la zona más nueva de la ciudad, con rascacielos y el arco de la Defensa… no creo que merezca la pena, de verdad os lo digo. Desde el trocadéro podéis sacar las mejores fotos. Si además tenéis nubes, quedan espectaculares.

La verdad es que ahí terminó mi segundo día de visita. Después de eso fui a un supermercado y al albergue. Tenía ganas de socializar de nuevo. Había un señor italiano muy majo que nos intentaba enseñar francés… pero qué queréis que os diga, soy de ciencias, muy negada para las letras, el pobre se ponía de los nervios con mi torpeza lingüística. Aun así, era muy majete.

Este ha sido el último día en París centro, así que os puedo hacer una valoración de la ciudad. Pros: es bonita, tiene mil cosas que hacer, el transporte público está muy bien pensado, todo muy bien comunicado, la mayor parte de los monumentos tienen una seguridad excepcional, tiene un encanto juvenil que no todas las ciudades poseen. Contras: es cara de narices, hay zonas de guetos, muchas colas de espera para todo. Como veis, hay más pros que contras. Lógicamente tendrá buena nota. Le doy un 9/10 respecto a turismo, y si queréis vivir allí le doy un 8/10, porque el tema de los apartamentos os costará afrontarlo con el sueldo mínimo de Francia, y la vida es muy cara en la capital. Quizás digáis… “Es su ciudad favorita, pero no tiene un 10/10” si… puede haber ciudades que tengan el 10, de hecho, en este viaje, encontraréis una. Pero por mucho que esa ciudad sea mejor, por mucho que me guste, en París tengo algo que no tengo en la otra. Sentimientos, recuerdos muy bonitos de una época muy especial, y eso no lo puede superar ninguna otra ciudad. Digo convencidísima (al menos hasta el momento) que París es mi ciudad favorita.

Espero que os haya gustado el relato de hoy. Nos vemos mañana again. Un besazo enorme.

Día 6: Peregrinaje a mi meca personal

El día anterior, como ya habréis leído, fue mágico para mí. Una mezcla de sentimientos muy profundos que creía extintos pero que resurgieron. Me iba a doler dejar aquella ciudad. Pero es como la vida: tienen que pasarte cosas malas para que valores las cosas buenas… pues igual me pasa con París. Tengo que vivir fuera para valorarla cuando la visito. Pobres parisinos que no saben lo que se están perdiendo, uno nunca ve con los buenos ojos de un turista a su ciudad natal.

Me desperté pronto, a las 7. Me duché, guardé todo (volví a doblar y a hacer la mochila, que estaba todo hecho un desastre) y me fui a la estación de metro. Quizás el albergue sea un desastre, pero tiene una cosa buena: está enfrente de la parada de metro. El trayecto hasta el RER fue uno de los más incómodos de mi vida. Llevaba un mochilón de trekking detrás con unas zapatillas colgando de un lateral y una mochila también bien cargada ya de cosas delante. Todo el mundo me miraba mal o se enfadaba conmigo, pero era normal, cada dos por tres daba sin querer a alguien con alguno de mis bultos…

Menos mal que al llegar al tren no había casi nadie, estaba prácticamente vacío. Y eso que iba hacia Versalles… pero nada, no había casi nadie. Si no recuerdo mal el trayecto en tren dura 40 minutos más o menos. No es muy caro el billete.

Una vez allí, lo primero que hice fue buscar una consigna. Como una loca pensando: la última vez que estuve en los jardines me cansé y eso que andaba sin ninguna mochila, imagínate como lo pasaré hoy con este armatoste. No encontré nada en la estación, así que fui al palacio y allí si había, pero no pensaba pagar ese dineral por la mochila y me arriesgué a llevarla a cuestas y parar cuando quisiera.

Mi visita a Versalles se redujo a los jardines. El palacio ya lo visité cuando fui con el instituto y no me parece para tanto… son muchos más bonitos los jardines. Solo pagas, entras y paseas. That’s all. Pero merece la pena. Hay mucha tranquilidad por imposible que parezca con tanta gente. Podéis disfrutar de espectáculos de agua, en casi todas las fuentes hay chorros sincronizados con música. Es precioso.

Ocurrió algo gracioso mientras paseaba. Estaba tan tranquila andando y me percaté de que estaba sonando un zumbido cerca de mío. Al principio creí que era un abejorro o una avispa, así que empecé a hacer aspavientos, incluso tiré la mochila al suelo. Vi que no había nada, me la volví a poner y seguía escuchando el mismo ruido, no cesaba. Me di cuenta de que venía de mi mochila y pensé… “ya la he liado, a que me han metido algo aquí dentro, ay qué mal…”. Abrí la mochila para ver si había algo sospechoso, pero nada. Saqué todo, no había nada que sonara, y cuando estaba metiendo todo de nuevo… mi neceser. Noté que sonaba algo dentro. Efectivamente, mi cepillo de dientes eléctrico se había encendido con algún golpe o algo. En serio, soy muy pava: ¿de verdad que tiré una mochila por un cepillo de dientes e incluso pensé que iba a explotar ahí mismo? Madre mía…

Seguí andando todo el día, me iba parando de vez en cuando para descansar la espalda. Llegué hasta casi el final del lago, me tumbé un rato en el césped con un poco de música y volví hacia el tren. A la vuelta estaba más lleno, se notaba que estaba acabando la tarde y todo el mundo volvía.

Fui directa a la estación de autobuses, Quai du Bercy. Estaba un poco alejada de donde te deja el tren, pero no importa andar un poco más, si total, comparado con lo que ya había andado aquel día eso no era nada.

Llegué con dos horas de antelación para que me diera tiempo a cenar y tal. Pero qué larga se me hizo la espera. El autobús llegó supuestamente con una hora de retraso, pero cuando llegó esperamos otra hora hasta que el autobús saliera de la estación. No sé qué liaron los de FlixBus, pero fue gorda. Ya después de esperar nos dejaron subir. El autobús era de otra línea, de dos plantas. Todo el mundo cuando ve un autobús de dos plantas se excita y va directo hacia arriba, como si eso fuera una montaña rusa… la parte de abajo se quedó vacía. Creo que de los 20 asientos de abajo solo se ocuparon 10, cada uno íbamos tranquilamente sentados con las piernas en el asiento de al lado. Una gozada. Se supone que la parte de abajo es para VIPS. Tienes agua, café, algunos bollos y asientos más amplios. Mientras que arriba estaban apretujados… pero oye, divirtiéndose mazo con el movimiento que proporcionan las alturas. Si os lo estáis preguntando… no. No me colé en la zona VIP, pregunté antes de sentarme ahí porque sabía que FlixBus no hace distinción entre clases de autobuses, así que esos asientos serían para los primeros que los cogieran.

La verdad es que hubo algo malo en esta historia. Como el autobús llegó tarde, yo llegué de madrugada a Bruselas, y el metro ya estaba cerrado. Pedí que me recogiera un Uber, bendita aplicación y sus 10€ de descuento para el primer uso. El señor muy majo, muy profesional. No tengo nada que decir al respecto.

Ya en el hotel me registré, me dio mi tarjeta de la habitación y, de propina, un “Si quieres nos vamos a tomar un café ahora después” (tal cual me dijo eso, a las 2 de la mañana). Le dije que eran, las dos, que no cuadraba el café con dormir, a lo que él interpretó que preferiría que nos tomáramos una cerveza. Fue muy raro el momento. Todo quedó en un “Vamos hablando”, que en España se estila mucho esto para cuando quieres cortar una conversación.

En fin, por fin pude dormir después de un largo día de paseo. Ese hotel estaba muy bien, las habitaciones eran geniales. Podéis reservar vuestra cama aquí.

Y esto ha sido todo por hoy. Como siempre, espero que os haya gustado y que sigáis por aquí mañana. Un beso muy fuerte.

Día 7: has cambiado... a mejor

Séptimo día de viaje. No era consciente de lo rápido que estaba yendo todo. Toca Bruselas, os voy a poner en contexto. Hay varias ciudades que he visitado en este viaje que no me gustaron cuando las visité en otras ocasiones, pero que aun así les hice un hueco en este itinerario para darles una segunda oportunidad porque quién sabe, quizás las visité en una mala época. Bruselas era una de ellas. La verdad es que, debido a esto, iba con las expectativas muy muy bajas. De hecho, creía que sería un caos. Y evidentemente hubo cosas que no me gustaron, como en todas las ciudades, pero me sorprendió gratamente en esta ocasión.

El día estaba, como en el resto del viaje, nublado, y no esperaba menos. Me desperté pronto porque antes de visitar el centro tenía que hacer un par de cosas. Primero de todo, lavarme el pelo: tengo un pelo muy muy largo, es muy difícil lavarme y desenredarlo, puedo llegar a estar una hora para cuidarlo cuando me lo lavo. Al requerir tanto tiempo, no me podía lavar el pelo ni en cualquier momento ni en cualquier lugar. Quedaban descartadas las ciudades cuyas aguas tuvieran mucha cal, o albergues que estuvieran muy concurridos y tuvieran pocos baños (como el de París). Pero ahora estaba en el momento ideal. En el albergue de Bruselas estaba en una habitación de 6 camas creo recordar, las cuales estaban ocupadas la noche que llegué, pero por la mañana solo quedábamos dos y nadie más podría venir hasta las 15.00, que era cuando se hacía el Check In. La otra mujer se fue pronto de turismo así que me quedé yo con un baño para mi sola. Los planetas se alinearon.

Después de una larga ducha me puse con la segunda tarea del día. Como llevaba una semana de viaje, se iba notando la escasez de ropa, así que tenía que hacer la colada. La lavandería más cercana estaba a diez minutos andando. Hay una cosa que debéis saber sobre Bruselas. Así como en París hay alguna zona que otra de gueto… en Bruselas es todo gueto excepto el centro. De verdad, no tengo ningún problema con los inmigrantes, para nada, pero no me gusta ir por la calle y que me miren cual objeto o que me pongan caras o que uno me saque la lengua como si quisiera hacerme sexo oral… de verdad que no me entra en la cabeza. ¿Realmente hay alguien que puede pensar que eso es remotamente civilizado? No lo entiendo… Pero ni con inmigrantes ni con nacionales ni con nadie lo debemos soportar, en serio: ¿qué se os pasa por la cabeza para decidir que decir obscenidades es una buena forma de entablar conversación? A lo mejor deberíamos incluir en la guardería una asignatura como… “Fundamentos de la civilización: cómo no acosar a la gente”, justo después de “Control de esfínteres I”. En fin…

Bueno lo que iba diciendo: fui a la lavandería, soportando ciertos comportamientos inadmisibles, y ya llegué y metí todo en una lavadora con su monedita y tal. Creo que el lavado duraba unos 30 minutos, así que me puse a hablar con mi padre por whatsapp, porque la noche anterior con el jaleo del bus no pude llamarles, así que le conté un poco como había sido la visita a Versalles y tal. Al cabo de unos diez minutos pienso “Creo que se me ha olvidado meter algo en la lavadora”. Chicos y chicas, hacedme caso, la lavadora, sin jabón, es poco efectiva. Da igual que vuestro padre os diga que no os preocupéis, que se lava igual pero menos a fondo… no sirve. Y es que encima como puse una de color y otra de claros no me quedaba dinero suelto más que para la secadora y no podía repetirlo con jabón. Así que nada, un remojo para mi ropa que no sirvió de nada, pero bueno. Ya al terminar simplemente volví al hotel a cambiarme, dejar la ropa doblada y me fui a visitar la ciudad.

Salí a la hora de comer, me llevó bastante tiempo hacer las tareas. Como siempre, no os voy a contar que visité, aunque en Bruselas pues tampoco hay mucho que visitar. Simplemente os dejaré el enlace de siempre para que podáis planificar a vuestro antojo la visita. La apariencia de esa página no es como las otras. Originalmente todas lucían como la de Bruselas, pero han empezado a actualizar el diseño y se ve que aún no han llegado a esta.

Decir de Bruselas que está bien comunicada, tiene pocas paradas y líneas de metro, pero aun así te dejan en puntos clave. Por ejemplo, podéis ir al Atomium, que, aunque no esté en el centro, se llega en unos 15 minutos desde el centro. Cuando fui estaba sorprendida de la cantidad de jóvenes que había en el metro yendo hacia allí, con ambiente festivo y pensaba “Es un punto de interés juvenil, qué bien”, pero no, no era eso. Resulta que se celebraba un festival. Nadie le hacía caso al Atomium, solo al festival. Se pueden sacar fotos muy bonitas de esta visita, tiene su belleza de alguna extraña manera, como que es tan grandioso que impresiona.

Sobre Bruselas creo que no tengo que decir nada más, ya os he dicho que me impresionó bastante, así que vamos con las puntuaciones. Como destino turístico le doy un 7/10, no solo por cómo es y lo que ofrece, también porque desde ella podéis coger un tren directo que sale varias veces al día hacia Brujas, y Brujas es… oggghh, precioso. Para vivir no me gusta tanto, ya os he dicho por qué. Excepto el centro, la ciudad parece el Bronx. No soportaría mucho tiempo ahí sin pegar cuatro gritos a más de uno/a. Le doy un 5/10.

Y bueno, creo que eso es todo, no me falta nada. Os veo mañana con más historias divertidas. ¿Qué lugar me tocará mañana?

Día 8: no eres tú, son las expectativas

Octavo día. Pesan los kilómetros, las noches en vela y sobre todo la suciedad. No es agradable tener que estar con la misma ropa un día, después de sudar por el calor, los paseos, el trabajo que cuesta llevar la mochila a cuestas… Pero esos pensamientos apenas duraban unos segundos en mi cabeza, no eran nada en comparación con las cosas buenas que estaba viviendo.

Me desperté muy pronto y cogí un Uber hacia la estación de autobuses. Para las horas que eran, no quería andar sola hasta la estación de metro (unos 15 minutos andando). Llegué muy justita de tiempo, apenas 3 minutos después de entrar al autobús, este partió. Creo que es el margen de tiempo más ajustado con el que he cogido un bus, no suelo ser así y desde luego eso no se repitió en todo el viaje, porque me agobié mucho.

El trayecto de Bruselas a Ámsterdam es muy corto, por eso no se puede hacer por la noche de forma que te ahorres el alojamiento. Es mejor hacerlo por la mañana. A eso de las 10 u 11 (dependiendo de a que hora estés dispuesto a levantarte) llegarás a Ámsterdam. La estación está en las afueras, pero creo que solo una parada de tren os separa del centro.

En mi caso, no quise invertir más de un día de visita en esta ciudad, no me parece que tenga tanto que ofrecer y además me parece carísima en todos los sentidos. En lugar de eso escogí las horas de llegada y salidas lo más separadas posibles, para no ir pillada de tiempo… y aun así me sobró.

Quizás de todo el viaje, esta fue la ciudad donde más españoles me encontré (no se sabe por qué razón, ¿verdad?), pero a mí no me llamaba la atención. Solo paseé, entré a tiendas, intenté entrar a la casa de Anna Frank, pero la chica me dijo que por la cola que había seguramente ese día iba a ser imposible entrar. El barrio rojo tampoco lo vi como antes… será que esta vez iba sola por las calles y la otra vez fui con mis padres. Me sentí observada por algún que otro señor. Y no respetuosamente.

Ya que hablo del barrio rojo tengo que contaros una anécdota. Yo ya lo sabía por la otra vez, en esta zona hay prostitutas, pero no como aquí que están en los polígonos o en la calle, no. Cada una tiene su escaparate, con una cortina por si entra alguien y así tienen su privacidad y también un baño para lavarse y tal. La última vez que fui no miré los escaparates, porque iba con mis padres y hubiera sido muy incómodo, o eso pensé y por eso no miré. En esta ocasión iba sola, y había cambiado mucho de mentalidad sobre su profesión. Además, soy una persona muy curiosa y pues quiero mirar todo. Esta vez podía, y lo hice. Iba mirando los escaparates. De repente una de las chicas me sonrió, no sé si para embaucarme o para llamarme la atención por mirona o simplemente por simpatía. Yo me bloqueo con mucha facilidad, y lo último que quiero es hacer daño a la gente y pensé: “No quiero que piense que me da asco por su profesión, es solo un saludo, es una persona normal y corriente”. Lo lógico hubiera sido devolver la sonrisa y ya está. Pues no, yo tengo que hacer lo raro siempre, así que me puse a saludarla como los niños pequeños cuando ven a sus amigos. Muy raro todo… Pobrecilla. Espero que no pensara que la estaba vacilando o algo, y vosotros tampoco. Le tengo mucho respeto a profesión, tanto como a cualquier otra.

Por la tarde volví a la estación de autobuses. Me estaba aburriendo en esa ciudad. Tan llena de gente, tan caro todo… mejor sería irme. Estuve horas y horas ahí, esperando el bus que salía a media noche. Primero fui al supermercado a comprar algo para cenar (compré bolitas de mozzarella y trozos de fuet bebé, típica comida holandesa), luego me puse a pinar con acuarelas, con rotuladores, etc. Las cosas que hacía eran para esperar a que dejaran libre el piano público de la estación. Algunos países acostumbran a poner uno en estos sitios para que la gente experimente, o toquen música de fondo, se diviertan, ya sabéis, esas cosas. Yo no sé tocar el piano, me sé un par de obras y ya está. Pero tenía ganas de tocar. Nada más lo vi libre, me fui a sentar allí. Fue muy raro todo, hubo dos ocasiones: la primera para tomar contacto, las cosas que tocaba eran un poco al azar y en cuanto vi que se acercó una chica pensé que quería tocar así que me fui. Más tarde volví, cuando había menos gente en la estación. Toqué “Una mattina” de Ludovico Einaudi y se me acercó un grupo de adolescentes. Seguía creyendo que querían tocar y me fui a levantar y una chica me dijo: “no no, sigue tocando, queremos oírte” (en inglés). Que vergüenza me dio. Al final me aplaudieron. Qué majetes los mozos estos. Luego ya empecé a tocar una versión que había hecho de “Primavera”, también de Ludovico, a lo que se me acerca un chico, de más o menos mi edad, y me dice “Solo quería oírte, tocas bien” (también en inglés). Antes de terminar se fue, pero no os olvidéis de este personaje, porque lo más curioso de todo es que saldrá en escena más adelante en el viaje.

Me quedaba ya solo una hora para el bus, me salí para hablar con mis padres y tomar el aire y ya esperar ahí. Tenía a dos hombres que iban muy, muy fumados detrás mía. Uno de ellos se me acerca y me dice: “Oye me encanta tu pelo, tiene color de flor”. Le costaba hilar cada palabra de la frase la verdad. Supongo que se refería a los tulipanes que teníamos detrás, uno no atina a buscar información de su cerebro en ese estado, así que se guiaría por una comparación con el entorno.

Después de ese raro día simplemente entré en el bus, logré ponerme la primera en meter la mochila y entrar de las primeras al bus. Fui arriba, quería ponerme delante para ver el viaje con vistas panorámicas, y lo conseguí. Y lo mejor de todo: también me dejaron el sitio de al lado libre. Qué gozada de viaje.

Para terminar, os hago evaluación de Ámsterdam: 7/10 para visitarlo y 6/10 para vivir. Ya os he dicho los contras: muy caro, lleno de gente, el turismo va a lo que va… Los pros son que los alrededores son preciosos, la comida está buena (ya solo por los gofres estos con caramelo en medio merece la pena ir) y hay mucha vidilla.

Si habéis leído hasta aquí, os merecéis un beso. Nos vemos mañana.

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